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En los últimos días, distintos medios especializados han alertado sobre un ciberataque a navegadores Chrome y Edge basado en la distribución de extensiones maliciosas a través de canales oficiales. Lejos de tratarse de un incidente puntual, la investigación apunta a una campaña de ciberespionaje sostenida en el tiempo, con impacto directo en entornos corporativos y en la seguridad informática empresarial.
El caso es especialmente relevante porque no explota vulnerabilidades técnicas clásicas, sino la confianza en el ecosistema del navegador, un vector de ataque presente en prácticamente todas las organizaciones.
Según la información publicada recientemente por varios investigadores y medios del sector, se han identificado extensiones aparentemente legítimas distribuidas durante años en los repositorios oficiales de Google Chrome y Microsoft Edge.
Estas extensiones:
El objetivo no era generar impacto inmediato, sino mantener acceso persistente a la navegación del usuario, permitiendo la recopilación de información, manipulación de contenido web y acceso indirecto a entornos corporativos.
Las investigaciones atribuyen esta actividad a Shadypanda, una campaña de ciberespionaje documentada desde hace años y asociada a actores APT con capacidades avanzadas.
Es importante aclarar que Shadypanda no es un grupo concreto, sino una campaña que engloba múltiples operaciones de ciberespionaje con patrones técnicos y estratégicos comunes.
Shadypanda se caracteriza por:
Este tipo de campañas no buscan interrumpir servicios ni desplegar ransomware. Su objetivo es permanecer invisibles el mayor tiempo posible, algo especialmente peligroso en entornos empresariales donde el navegador actúa como punto de acceso a sistemas críticos.
En la mayoría de organizaciones, el navegador es hoy una plataforma de trabajo central, no una simple herramienta de acceso a internet.
Desde el navegador se accede a:
Cuando una extensión obtiene permisos elevados, hereda el contexto de confianza del usuario corporativo. Esto permite que un ataque informático se produzca sin explotar vulnerabilidades técnicas complejas, simplemente abusando de accesos legítimos.
Desde el punto de vista de la seguridad informática empresarial, el navegador se convierte así en una extensión directa del perímetro corporativo.
Este ciberataque responde a un patrón cada vez más habitual en campañas avanzadas:
Este enfoque es difícil de detectar porque no genera eventos evidentes de seguridad y suele quedar fuera del alcance de controles tradicionales.
El impacto de este tipo de brechas de seguridad va más allá del navegador individual:
En muchos casos, cuando se identifica la extensión maliciosa, el atacante ya ha operado durante meses o años.
Las organizaciones con mayor madurez en ciberseguridad suelen aplicar controles específicos sobre el uso del navegador:
Estas medidas son especialmente críticas en sectores con infraestructuras críticas, información sensible o dependencia operativa del entorno digital.
El ciberataque a navegadores Chrome y Edge, vinculado a la campaña Shadypanda, refuerza una realidad que muchas organizaciones aún no han asumido:
el navegador forma parte de la superficie de ataque real del negocio.
No gestionarlo como un activo crítico implica aceptar riesgos innecesarios, especialmente frente a campañas avanzadas que priorizan la persistencia frente al impacto visible.
En Apolo Cybersecurity ayudamos a organizaciones a identificar vectores de ataque que suelen pasar desapercibidos, como los asociados a navegadores y extensiones.
Nuestros servicios incluyen:
Si quieres saber qué nivel de exposición tiene tu organización frente a ataques como este y cómo reducirlo de forma realista, podemos ayudarte a evaluarlo antes de que se convierta en un incidente.
Contacta con Apolo Cybersecurity y abordemos la ciberseguridad desde una perspectiva estratégica y preventiva.
