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Recientemente la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) confirmó haber sufrido un ciberataque que afectó cinco de sus sistemas informáticos durante el periodo vacacional de fin de año, activando protocolos de respuesta y generando preocupación sobre la protección de datos y la resiliencia de instituciones con enormes infraestructuras digitales. Este incidente, objeto de amplia cobertura en medios nacionales e internacionales, subraya que incluso organizaciones educativas de gran tamaño son objetivos de amenazas informáticas sofisticadas.
La UNAM informó que, entre el 31 de diciembre de 2025 y el 1 de enero de 2026, detectó una intrusión no autorizada en cinco de sus más de 100 000 sistemas informáticos, pertenecientes a diferentes unidades y servicios de la universidad.
Tras la detección del incidente, la Dirección General de Cómputo y de Tecnologías de Información y Comunicación (DGTIC) activó los protocolos institucionales de atención a incidentes de seguridad informática, incluyendo la inmovilización preventiva de los servidores comprometidos y la coordinación con autoridades para presentar las denuncias correspondientes ante la Fiscalía General de la República (FGR).
Aunque la UNAM aseguró que no hay indicios de extracción o filtración de datos personales de estudiantes, docentes o personal administrativo en esos cinco sistemas específicos, la divulgación inicial del hackeo ha desatado debate y diversas versiones en medios, incluidas investigaciones que sugieren la exposición de correos, contraseñas cifradas, números de matrícula y otros datos sensibles.
Las universidades modernas no son solo instituciones educativas; son ecosistemas digitales complejos que administran grandes volúmenes de datos personales, propiedad intelectual, investigaciones y servicios críticos para miles de usuarios. Esto las convierte en objetivos atractivos para cibercriminales y actores con motivaciones diversas (desde robo de datos hasta reputación o filtración de información interna).
Mientras que la versión oficial minimiza la filtración de datos, varios reportes periodísticos señalan que el acceso indebido podría haber permitido a los atacantes obtener información que incluye correos institucionales, contraseñas (aunque cifradas), comprobantes financieros y comunicaciones internas. Estas diferencias entre versiones públicas y reportes independientes resaltan la importancia de transparencia y análisis técnico detallado después de un incidente de seguridad.
El ataque se detectó durante un periodo vacacional, lo que suele ser una ventana de oportunidad para atacantes debido a la menor supervisión operativa. Esto pone de relieve la necesidad de monitoreo continuo, independencia de recursos clave y control de acceso robusto, especialmente en infraestructuras de gran escala como las de una universidad.
Un ciberataque se define como cualquier acción ofensiva destinada a comprometer la confidencialidad, integridad o disponibilidad de sistemas, redes o datos, con fines maliciosos como robo de información, interrupción de servicios o acceso no autorizado.
Los ataques a instituciones con gran densidad de datos y servicios digitalizados pueden implicar:
La complejidad de estos vectores exige una defensa de múltiples capas que combine tecnología, procesos y respuesta coordinada.
Aunque muchos ataques a universidades parecen “públicos”, el impacto puede extenderse a organizaciones privadas y sector empresarial:
Si usuarios emplean las mismas contraseñas en entornos externos o corporativos, una brecha en un sistema educativo puede facilitar el acceso a activos empresariales.
Empresas que colaboran con universidades pueden verse implicadas si sus sistemas están conectados o si manejan servicios compartidos.
Si un ataque compromete sistemas que interactúan con otros servicios o proveedores, puede desencadenar efectos en cascada en toda la cadena digital de una empresa.
Frente a incidentes como el hackeo a la UNAM, las organizaciones deberían considerar:
El ciberataque a la UNAM no solo es un llamado de atención para instituciones educativas sino para todas las organizaciones con activos digitales valiosos. La convergencia de datos personales, servicios críticos y vectores de amenaza sofisticados demanda un enfoque integral de seguridad que combine tecnología, cultura organizacional y resiliencia operativa.
Este tipo de amenazas refuerza la necesidad de considerar la seguridad informática empresarial como un pilar estratégico de negocio, no solo como un elemento de protección técnica.
En Apolo Cybersecurity apoyamos a empresas a:
Si quieres entender cómo un incidente como el de la UNAM podría afectar a tu organización y cuáles son las mejores prácticas para reforzar tu seguridad, podemos ayudarte a diseñar una estrategia preventiva alineada con tus objetivos de negocio.
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